NAVE DE NIEVE.
1er finalista del IV Premio Internacional Dramaturgia Invasora.
PERSONAJES:
ÉL
ELLA
NIÑA 1
NIÑO 2
NIÑA 2
NIÑO 1
BRÚJULA
PRÓLOGO.
ELLA.
Oye.
ÉL.
¿Sí?
ELLA.
¿Puedo hablar contigo?
ÉL.
¿De qué?
ELLA.
Necesito hacerte una pregunta.
ÉL.
(Silencio)
ELLA.
¿Qué hacemos aquí?
ÉL.
Viajar.
ELLA.
Ya lo sé.
ÉL.
¿Entonces? ¿Por qué lo
preguntas?
ELLA.
Pero ¿por qué viajamos?
ÉL.
Pues… supongo que… para encontrar algo importante. Muy importante. Tan importante que va a cambiar nuestras
vidas.
ELLA.
¿Existe algo así?
ÉL.
Existe.
ELLA.
¿Y qué es?
ÉL.
Pues… una palabra…
ELLA.
(Llamando a 4 nuevos personajes)
¡Eh, venid!
NIÑOS Y NIÑAS.
¿Qué?
ELLA.
Mi hermano dice que viajamos para encontrar una palabra.
NIÑOS Y NIÑAS.
¿Una qué?
ÉL.
Una… palabra.
NIÑA 1.
No necesitamos viajar para eso.
NIÑO 1.
En casa teníamos muchas palabras. Cientos de ellas.
ÉL.
Pero la que buscamos, es una palabra especial. Mejor que las nuestras.
ELLA.
No creo que haya palabras mejores que las nuestras.
ÉL.
Sí que las hay.
ELLA.
¿Mejor que
“hogar”?
ÉL.
Es una palabra hermosa, pero la que estamos buscando…
ELLA.
(Interrumpiéndole) Tampoco debe ser mejor que “madre”.
NIÑA 2.
O que “padre”.
NIÑO 2.
O “tribu”.
ELLA.
O …
ÉL.
(Interrumpiéndoles) Esas son palabras bonitas, tenéis
razón.
ELLA.
Las mejores que existen ¿no te parece?
ÉL.
Pero tienen letras frágiles, que se pueden romper fácilmente
cuando andan cerca otras palabras mucho más poderosas como “guerra” o
“miseria”.
ELLA.
¿O “huida”?
ESCENA 1.
ÉL.
Mirad. Con este mapa
no nos perderemos.
ELLA.
¿Por qué?
ÉL.
Porque en este mapa aparece el lugar hacia el que nos
dirigimos.
ELLA.
¿Y qué lugar tan importante es ese?
ÉL.
El norte.
NIÑAS Y NIÑOS.
¿El norte?
NIÑA 1.
No entiendo.
NIÑO 2.
¿Qué es?
ÉL.
Norte significa riqueza.
NIÑO 1.
¿Y nosotros no somos norte?
ÉL.
No.
NIÑA 1.
¿Y qué somos?
ÉL
Pues no sé. Imagino
que formamos parte del sur.
NIÑO 2.
¿Sur?
ÉL.
Sí.
NIÑA 2.
¿Y qué significa sur?
ÉL.
Lo que hay al otro lado de la riqueza.
ELLA.
¿Y dices que este mapa es del norte?
ÉL.
He dicho que en este mapa está dibujado el norte. Pero también está el sur pintado en el mapa.
NIÑAS Y NIÑOS.
¿Sí?
ÉL.
(Afirma con la cabeza)
NIÑO 2.
Y dónde están cada uno de ellos.
NIÑA 2.
¿Qué es el norte y qué es el sur?
NIÑO 1.
Señálanoslo en el papel, por favor.
ÉL.
(Señalando en el mapa)
Esta es la tierra a la que pertenece nuestra aldea. ¿Lo veis?
NIÑOS.
¿Esta?
ÉL.
¿Sí? ¿La reconocéis?
NIÑO 2.
No.
NIÑA 1.
A mí me parece totalmente distinta.
ELLA.
Como si fuera otra tierra.
ÉL.
Pues así es como se ve desde las nubes.
ELLA.
¿Y quién necesita subirse a las nubes para pintar las tierras
y los mares?
ÉL.
Es así cómo se hace.
NIÑA 2.
Está bien.
NIÑO 1.
Sigue.
NIÑO 2.
Dinos hacia dónde vamos.
ÉL.
(Señalando en el mapa)
Nos dirigimos hacia aquí, hacia el norte.
ELLA.
Pero falla algo.
ÉL.
¿Qué falla?
ELLA.
Está al revés.
ÉL.
¿Al revés?
ELLA.
Sí, el mapa está mal.
¿No lo ves?
ÉL.
No sé qué quieres decir.
ELLA.
Según el mapa nosotros estamos aquí abajo y ellos están
encima.
ÉL.
Ah, eso…
ELLA.
¿Por qué?
ÉL.
No sé. Imagino que es…
porque lo han hecho ellos, el mapa.
ELLA.
No. Eso no es
verdad. Estas tierras, estos mares,
estos ríos, estas islas… existían desde mucho antes de que ellos escalasen
hasta las nubes, creyéndose dioses, para pintar el contorno de las tierras y de
las aguas. Ellos no lo han creado.
ÉL.
Sí, pero…
ELLA.
No entiendo por qué nosotros estamos debajo y ellos están
encima.
ÉL.
Todo el mundo dibuja los mapas de esta manera. No podemos cambiarlo. El norte siempre se dibuja en la parte
superior de las páginas y el sur está en la parte inferior.
NIÑAS Y NIÑOS.
¿Somos inferiores?
ÉL.
No es eso.
ELLA.
¿Seguro?
ÉL.
¿Qué os pasa? Tampoco
es algo tan importante.
ELLA.
Sí que lo es.
ÉL.
¿Por qué creéis eso?
¿Tan importante os parece?
NIÑA 1.
Somos las de abajo.
ELLA.
Las que sostenemos todo el peso de las otras tierras. Y eso cansa.
NIÑO 1.
Sí, cansa mucho.
ELLA.
Y además… es mucho más difícil tener que atravesar el mapa
escalando hacia arriba que hacerlo deslizándose hacia abajo.
NIÑA 2.
No es justo.
ELLA.
Ellos creen que son superiores y se nota en cómo dibujan los
mapas.
ÉL.
Sí. Tal vez. Pero debemos seguir sus normas.
ESCENA 2.
BRÚJULA.
Hay que viajar sin que nos vean.
ELLA.
Sin que nos vean ¿quiénes?
¿Los peces? ¿Las aves?
BRÚJULA.
Hay montones de ojos a nuestro alrededor.
ELLA.
Pero no seremos capaces de taparlos todos. Los animales nos rodean. Estas son sus aguas… no las nuestras… los
humanos siempre vamos de paso por el mar, nunca podremos hacer de una ola
nuestro hogar.
ÉL.
No podemos tapar los ojos de los animales marinos.
BRÚJULA.
Los que decís no son ojos importantes.
ÉL.
¿Los de las criaturas del mar?
ELLA.
¿Y las del aire?
BRÚJULA.
Sus ojos no son importantes.
ÉL.
No creo que las aves y los peces opinen lo mismo que tú.
BRÚJULA.
Que nos miren los animales todo lo que quieran. Cuando digo que hay montones de ojos a
nuestro alrededor no hablo de bestias ni de fieras ni de bichos. ¿A quién le importan? A mí no.
Creedme: no son importantes las
criaturas del mar. En mi pueblo todos
eran pescadores. A ellos sí les
importaban los peces porque se alimentaban de ellos. Eran su mercancía. Pero no la mía.
ÉL.
¿Cuál es tu mercancía?
BRÚJULA.
¿Mi mercancía?
ELLA.
¿Somos nosotros tu mercancía?
BRÚJULA.
¿Por qué dices eso? Yo
soy vuestro guía. Me llaman Brújula
porque me gano la vida conduciendo hacia el norte a los que están cansados de
la miseria del sur. Sois afortunados de
tenerme junto a vosotros. A partir de
ahora le diréis adiós para siempre a la pobreza.
ÉL.
Pero, al darte todo nuestro dinero para que nos conduzcas, vamos
a ser aún más pobres que antes.
BRÚJULA.
En el norte podréis tener todo lo que necesitéis.
ÉL.
¿De verdad?
BRÚJULA.
Claro. Allí son
generosos con los que huyen de la guerra y del hambre como vosotros.
ELLA.
Pero antes has dicho que debemos tener cuidado porque hay
ojos que vigilan… que tendríamos que viajar sin que nos vieran…
BRÚJULA.
¿Eso he dicho?
ÉL.
¿A quién debemos temer?
BRÚJULA.
(…)
ÉL.
¿A los animales?
BRÚJULA.
Debéis temer a las personas.
ÉL.
¿A las personas?
BRÚJULA.
(Afirma)
ELLA.
¿A las del norte? ¿No
son generosas?
BRÚJULA.
Sí. Pero también
desconfiadas.
ÉL.
¿Desconfiadas?
BRÚJULA.
Creen que los que atraviesan el mar para llegar a su tierra
pueden ser peligrosos. Están
acostumbradas a recibir visitas, en sus costas, de tiburones y de piratas…
Pero vosotros no tenéis nada que temer.
ÉL.
¿Entonces por qué debemos escondernos?
BRÚJULA.
Hay patrullas y cámaras vigilando. Las cámaras no saben distinguir a los buenos
de los malos.
ÉL.
¿Qué haremos entonces?
BRÚJULA.
Viajar solamente cuando haya oscuridad.
ELLA.
¿De noche?
BRUJULA.
Eso es. Os conviene
hacerlo porque, además, de ese modo, evitaréis que el sol derrita vuestra
“extraña nave”.
ÉL.
Sí. Pero ¿Qué haremos
cuando salga el sol?
BRÚJULA.
¿Cuando salga el sol?
ÉL.
¿Sí, qué haremos cuando la luna deje de enfriar el agua con
su aliento frío?
BRÚJULA
Pues. No se me ocurre…
ELLA.
A mí sí.
BRÚJULA.
¿Ah sí?
ÉL.
Habla.
ELLA.
Buscaremos los rincones de sombra.
BRÚJULA.
¿En el mar?
ÉL.
¿Qué rincones de sombra son esos?
BRÚJULA.
No hay palmeras, ni toldos, ni chozas que den sombra aquí en
el mar.
ELLA.
Pero hay nubes, islas, y montones de aves… Y también ballenas. Cuando nos crucemos con ellas tal vez podamos
arrimarnos a sus sombras.
ÉL.
¿Sombras de ballenas?
ELLA.
Y de cachalotes y de otras criaturas…
BRÚJULA.
Criaturas del mar.
ELLA.
Sí que son importantes.
(...)
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