lunes, 26 de diciembre de 2022

¿POR QUÉ NO?

 



Texto galardonado con el:

XX Premio de Teatro José Martín Recuerda

(Convocado por la Diputación de Granada, la Universidad de Granada, el Ayuntamiento de Salobreña y la Fundación José Martín Recuerda).

 

 

                                                                                                              

                   ¿POR QUÉ NO?

                                                                                                               

 

 

 

1.

Estamos en el interior de un despacho, dos personajes, un hombre y una mujer, discuten acaloradamente.

 

HUGO.  ¿Cómo que “por qué no”?    Ya te lo he explicado.

 

EVA.  Reconsidéralo.

 

HUGO.  No.

 

EVA.  ¿Qué?

 

HUGO.  ¡Que no!

 

EVA.  Dame un motivo.

 

HUGO.  Te puedo dar cien.

 

EVA.  Pues adelante.

 

HUGO.  Pero no quiero discutir.

 

EVA.  Es una actividad extraescolar.

 

HUGO.  Si ocurre algo en las dependencias del centro yo soy el máximo responsable.

 

EVA.  Está bien, Hugo, eres el director del centro,  y asumo lo que me dices pero… necesito justificarlo.  Alguien me puede preguntar y/

 

HUGO.  ¿Quién te va a preguntar?

 

EVA.  No sé.  Algún periodista.

 

HUGO.  ¿Me estás chantajeando?

 

EVA.  Si hablo con alguien de la prensa no puedo mentirle.

 

HUGO.  ¿Qué pretendes?  ¿Crear más polémica? ¿Darles carnaza a los medios de comunicación?  ¿Me vas a denunciar ante ellos?

 

EVA.  En absoluto.  Todo lo contrario.  Quiero evitar que la situación empeore, eso es todo.

 

HUGO.  ¿Tan importante es que ese chico asista a un puñetero ensayo?

 

EVA.  Si no es importante ¿por qué no le permites que lo haga?

 

HUGO.  Ese chico protagonizó un grave incidente.

 

EVA.  Por el cual ya ha sido sancionado.

 

HUGO.  Y precisamente ocurrió en tu clase…

 

EVA.  ¿Me estas culpando?

 

HUGO.  Desde el primer momento has tenido mi respaldo, y lo sabes.

 

EVA.  Entonces ¿qué más da dónde haya ocurrido… el incidente…?

 

HUGO.  Pues… si ocurrió en clase de teatro… creo que… lo más sensato es…

 

EVA.  ¿Qué?

 

HUGO.  Evitar que coincidan los dos chicos. No quiero que se vuelvan a enzarzar.

Imagínate a todos los chavales grabando la pelea con sus móviles.  En media hora estaríamos en los titulares de la prensa de todo el mundo.

 

EVA.  Estás exagerando.

 

HUGO.  ¿Yo?  ¿Exagero?

 

EVA.  Sí.  O sea, creo que… todo esto… no es tan grave…

 

HUGO.  Sí que lo es, perdona pero lo que ocurrió no es ninguna tontería.  Deberías ser tú la que se diera cuenta.

 

EVA.  ¿Yo?

 

HUGO.  Sí, tú.  O es que te gustaría que hubiera un régimen político o una autoridad religiosa que te dijera:  “Eva, no puedes montar esa obra de teatro, te has pasado de la raya, no permitimos blasfemias o críticas o lo que sea…”.  Dime, ¿te gustaría?

 

EVA.  Claro que no, Hugo.

 

HUGO.  Pues por eso hemos expulsado a ese chico, para dejar claro que no toleramos la intolerancia.

 

EVA.  Eso suena un poco… contradictorio… ¿no?   Además, no está expulsado, solo sancionado durante una semana.

 

HUGO.  Sí.  Era un chico que iba muy bien, tenía excelentes calificaciones y no habíamos detectado, hasta ahora, ningún problema en su conducta.  Por eso hemos decidido no aplicarle un correctivo mayor.

 

EVA.  Lógico.

 

HUGO.  Pero si hubiera reiteración, te aseguro que no volvería a pisar un centro educativo en toda su vida.

 

EVA.  Bien.  Si vamos a darle otra oportunidad…

 

HUGO.  ¿Sí?

 

EVA.  ¿Por qué impedirle que acuda a clase de teatro?

 

HUGO.  Precisamente por eso, para evitar una sanción más grave si se genera una nueva situación violenta.

 

EVA.  No hubo violencia.

 

HUGO.  Sí que la hubo.

 

EVA.  Yo estaba allí.  ¿Es que no me crees?

 

HUGO.  Ese chico le arrebató la carpeta a un compañero

 

EVA.  Pero lo hizo sin violencia, el otro estaba tan sorprendido que no reaccionó, ni hubo forcejeo, ni nada parecido, Ahmed tomó la carpeta y se marchó.  Eso fue todo.

 

HUGO.  ¡No me jodas!  Sabes perfectamente que/

 

EVA.  Bueno, sí, luego ocurrió lo otro, pero…

 

HUGO.  ¿Pero?

 

EVA.  No es algo que tenga tantísima importancia como se le ha dado.  Joder.  Políticos y periodistas y filósofos condenando a un pobre chico solamente por… eso… me parece un poco… exagerado…

 

HUGO.  ¿Hablas en serio?

 

EVA.  Sí.  Bueno… tampoco quiero quitarle hierro al asunto… en realidad... hizo algo… que no tendría que haber hecho… pero…

 

HUGO.  Ese chico destruyó la carpeta de su compañero y se grabó a sí mismo haciéndolo…

 

EVA.  Era una carpeta barata

 

HUGO.  …Y lo compartió en redes sociales y en media hora se hizo viral…

 

EVA.  La carpeta estaba prácticamente vacía, solo tenía un texto de teatro.  He vuelto a fotocopiarlo para dárselo a David/

 

HUGO.  …Y recibió el apoyo… de activistas y de… gentuza de todo tipo…

 

EVA.  Pero él no tiene la culpa de eso.  El chico solamente tuvo una reacción visceral cuando vio lo que su compañero había pegado en la portada de la carpeta.

 

HUGO.  ¿Una reacción visceral?  Al llegar a su casa roció la carpeta con alcohol y le prendió fuego.  Creo que fue algo más que una reacción visceral.

 

EVA.  No quiero justificarlo, solo acotar los términos y el contexto de la situación, sin dramatizar.

 

HUGO.  El contexto de la situación es que hace apenas unos meses, en plena calle, un fanático religioso le cortó la cabeza a un compañero nuestro, a alguien que se dedicaba a lo mismo que tú y que yo, a un profesor.  Un hombre cuyo único crimen había sido el de compartir con sus alumnos unas ideas básicas sobre libertad de pensamiento, y que fue cruelmente decapitado por el mismo motivo por el que ese chico ha quemado la carpeta de un compañero, porque consideraba que el hecho de mostrar públicamente las malditas caricaturas de Mahoma merecía una respuesta violenta…

 

EVA.  No compares, se trata de reacciones muy diferentes a una misma provocación.

 

HUGO.  ¿Provocación?

 

EVA.  No quería decir eso.

 

HUGO.  Ah.  Porque me extrañaría que dijeras eso, precisamente tú, que te has mofado de la religión católica en algunas de tus obras.

 

EVA.  Sí. Tienes razón.

 

HUGO.  (Alterado) Y en el fondo, ese maldito asesino y nuestro alumno viven en la oscuridad de sus ideas retrógradas y tienen un objetivo común, los dos quieren arrastrarnos de los pelos para que les acompañemos en el maldito viaje en el tiempo a la puta Edad Media que sueñan con imponer a toda la sociedad…

 

HUGO.  (Toma aire, tratando de tranquilizarse)  Perdón.  Estoy un poco alterado.

 

EVA.  Cálmate.

 

HUGO.  Es un tema que me saca de quicio.

 

EVA.  Te entiendo.  A mí también me afectan mucho estas situaciones.

 

HUGO.  Uffff.  Creo que… necesito un cigarrillo.

 

EVA.  Pero habías dejado de fumar.

 

HUGO.  Sí.  (Busca desesperadamente en sus bolsillos.  Aliviado al encontrar algo)  Menos mal, me queda uno.

 

Coloca el cigarrillo en su boca, sin encenderlo aún.

 

EVA.  ¡Vaya!  Espero no ser la causa de tu recaída.

 

HUGO.  Tengo que salir.  ¿Quieres decirme algo más?

 

EVA.  El médico te lo había prohibido ¿no?

 

HUGO.  ¿Quieres decirme algo más relacionado con asuntos profesionales?

 

EVA.  No.

 

HUGO.   (Disponiéndose a salir)  Perfecto.

 

EVA.  (Frenando el mutis del director)  Solamente

 

HUGO.  (Fastidiado)  ¿Qué?

 

EVA.  Pedirte como favor personal.

 

HUGO.  ¡Qué!

 

EVA.  Deja que el chico asista al ensayo.

 

HUGO.  ¡Dios mío!  ¡Cómo puedes ser tan tozuda! 

 

EVA.  Creo que es bueno para él, y para todos.

 

HUGO.  (Superando, a duras penas, su impulso primario de gritar) Pensaba que había sido lo suficientemente claro…

 

EVA.  Por favor, déjame intentar ayudarle…

 

HUGO.  ¿Qué pretendes?

 

EVA.  El teatro sirve precisamente para exteriorizar conflictos y buscar fórmulas de solucionarlos.

 

HUGO.  (Sarcástico)  Oh, sí, el carácter sanador del psicodrama.  Qué maravilla, si todo el mundo hiciera teatro no habría problemas en el mundo.

 

EVA.  No tienes por qué ser hiriente.

 

HUGO.  Eres una profesora competente, pero no soporto ese rollo místico que irradias a veces.

 

EVA.  ¡Vaya!  ¿No me soportas?

 

HUGO.   (Encendiendo el cigarrillo)  ¿Ahora mismo?   ¡No!

 

EVA.  ¡Qué haces!  ¡Apaga eso!  No se puede fumar aquí.

 

HUGO.  No tengo alternativa.  No me dejas salir, me obligas a escuchar tu cháchara ridícula.

 

EVA.  Está bien.  ¡Vete de una vez!

 

HUGO.  Gracias.  Menos mal.

 

EVA.  Pero que sepas que voy a enviarle un mensaje a ese chico para que asista al ensayo.

 

HUGO.  No te atreverás.

 

EVA.  ¿Ah, no?  ¿Eso crees?

 

HUGO.  Sería muy grave, desafiar una decisión de tu director.

 

EVA.  ¿Sería algo parecido a una… blasfemia?

 

HUGO.  ¡Gilipollas!

 

Oscuro.

 

 

 

 

2.

 

En una sala de ensayos, la mujer de la escena anterior, EVA, y cuatro jóvenes, dos chicos -ERIC y DAVID- y dos chicas -NADIA y SAHAR-.

 

EVA.  ¡Oye!  ¡Nada de insultos!

 

ERIC.  Solo les he dicho que parecen un par de bolleras, así, cogidas de la mano.

 

NADIA.  ¿Y tú qué pareces, con la carpeta llena de fotos de tíos musculosos en uniforme?  ¿Un maricón?

 

EVA.  Hey, ya vale, Eric, Nadia, ya sabéis que está prohibido ese lenguaje ofensivo.  Estamos en un instituto.

 

ERIC.  Pero esto es una extraescolar.  Y estamos haciendo teatro.

 

EVA.  En teatro también hay que respetar a los compañeros.

 

SAHAR.  Pero aquí se supone que podemos expresarnos con libertad ¿no?

 

EVA.  Sin pasarse.  Dentro de unos límites.

 

NADIA.  ¿Qué límites?  ¿Quién los fija?

 

EVA.  Yo, que soy la profesora de teatro.

 

NADIA.  Ok.  A sus órdenes.

 

ERIC.  (Extendiendo el brazo para hacer un saludo nazi) Heil, mein Führer.

 

NADIA.  No hagas eso, gilipollas.

 

ERIC.  Este es un país libre.

 

SAHAR.  Qué imbécil y qué facha que eres.

 

ERIC.  David, tío, defiéndeme, que estas tías quieren coartar mi libertad de expresión.

 

NADIA.  ¿David?

 

DAVID.  (Que estaba como ausente) ¿Qué?

 

SAHAR.  ¿Estás bien?

 

DAVID.  ¿Por?  ¿Me estabais hablando?

 

SAHAR.  Sí.

 

NADIA.  Claro.

 

ERIC.  Baja de la nube, tío.

 

EVA.  (Entregándole unos papeles)  Toma, David.

 

DAVID.  ¿Qué es?

 

EVA.  Tus apuntes.

 

DAVID.  Ah.  Los que había dentro de…

 

EVA.  Sí.  Te los he vuelto a fotocopiar.

 

DAVID.  Ajá.

 

ERIC.  ¿Y su carpeta?

 

DAVID.  Da igual.

 

EVA.  ¿Su carpeta?

 

DAVID.  No importa.

 

ERIC.  Sí… desapareció en la última clase,  ¿no se acuerda?

 

NADIA.  Misteriosamente, uuuuhhhh.

 

Ríen.

 

EVA.  Sí.  Lo recuerdo.   Mm, si queréis podemos hacer un fondo para comprarle, a David, otra carpeta, entre todos.

 

ERIC.  Ni hablar.  Que se la pague el cabrón que la robó.

 

EVA.  ¿No me has oído antes?  No quiero insultos en clase.

 

ERIC.  ¿Y cómo llamamos a ese tío?  Puto (Interrumpiéndose)… perdón… ¿maldito moro?… ¿puñetero inmigrante?…

 

EVA.  ¡Para ya!  Un comentario racista más y vamos a tener problemas tú y yo.

 

ERIC.  No es de aquí, eso es un hecho.  Es un inmigrante ¿no?

 

NADIA.  Eh, que yo también lo soy.

 

SAHAR.  Y yo nací aquí, pero todos en mi familia somos musulmanes. 

 

ERIC.  Lo sé, Sahar.  Pero seguro que ellos no defienden a los que van por ahí cortando cabezas.

 

EVA.  Aquí nadie ha utilizado la violencia.

 

ERIC.  ¿Seguro?

 

EVA.  No te hizo daño, Ahmed, el otro día, ¿verdad, David?

 

DAVID.  ¿Daño?

 

EVA.  ¿Te golpeó?

 

DAVID.  No.  No me golpeó.

 

NADIA.  Pero te quitó la carpeta de mala manera.

 

DAVID se encoge de hombros.

 

ERIC.  Si yo hubiera sido tú, le habría partido la cara. 

 

EVA.  ¿Crees que la solución es la violencia? 

 

ERIC.  Si se pasan contigo  ¿qué vas a hacer?  Hay que responder, para que no se aprovechen de ti.

 

EVA.  ¿Qué pensáis los demás?

 

Silencio.

 

EVA.  David ¿tú qué opinas?

 

DAVID.  Nada.

 

EVA.  ¿Nada?

 

DAVID.  ¿Qué quiere que le diga?  Estoy agobiado.  He tenido que cerrar mis cuentas de facebook y twitter y hay un montón de gente que no conozco que me envía mensajes al móvil y que me dice lo que tengo que hacer.

 

EVA.  ¿Y qué piensas tú que tienes que hacer?

 

DAVID.  No lo sé.  A veces creo que…

 

EVA.  ¿Qué?

 

DAVID.  Que debería olvidar.  Y otras veces

 

EVA.  ¿Sí?

 

DAVID.  Me siento rabioso.

 

SAHAR.  No, tío.

 

NADIA.  Tranqui, no hay que agobiarse.

 

ERIC.  (Dándole a David un sobre) Ah.  Toma.  Te he traído un regalo.

 

DAVID.  ¿Qué es?

 

ERIC.  Abre el sobre.

 

DAVID.  (Descubriendo el contenido) ¿Una caricatura de Mahoma?

 

ERIC.  Para que la vuelvas a poner en la carpeta.  A ver si se atreve a hacerlo otra vez.

 

EVA.  No.  No quiero que pegues eso

 

ERIC.  ¿Qué?  ¿Le está prohibiendo?

 

EVA.  ¿Prohibir?  No.  En realidad solo le aconsejo que

 

DAVID.  ¡Basta!  Dejar de discutir. 

 

NADIA.  Sí. 

 

SAHAR.  Por favor.

 

DAVID. No puedo pegarla.  Ni siquiera tengo carpeta

 

ERIC.  Además, el moro loco.

 

NADIA.  Ahmed.

 

ERIC.  No ha venido hoy.  Es un cobarde.

 

EVA.  No.  He sido yo.

 

SAHAR.  ¿Usted?

 

EVA.  Bueno.  Ha sido el director.  Le ha prohibido asistir.

 

NADIA.  Lógico.

 

SAHAR.  Es mejor, sí.

 

ERIC.  ¡Bien, bien!

 

EVA.  Pero yo no estoy de acuerdo.

 

DAVID.  ¿Por qué?

 

ERIC.  Usted quiere que… se vuelva a liar…

 

EVA.  No.  Quiero resolver el conflicto.

 

DAVID.  ¿Cómo?

 

EVA.  Cuando hacemos improvisaciones, ya sabéis que marcamos dos posturas enfrentadas y hay que buscar una solución.

 

ERIC.  ¿Y?

 

EVA.  Quiero que hagamos un ejercicio tratando de darle una solución a nuestro problema.

 

ERIC.  ¿Quiere decir que… quiere que David y Ahmed resuelvan su movida haciendo… teatro?

 

EVA.  Bueno… algo así… quiero que… al menos, verbalicen sus distintas posturas mirándose a los ojos, y traten de hallar puntos en común para sentar las bases de una convivencia en armonía.

 

NADIA.  Buen rollo.

 

SAHAR.  Paz y amor hermanos.

 

NADIA.  Besémonos todos.

 

ERIC.  Sí, por favor.

 

EVA.  ¡Silencio! 

Creo que mi propuesta puede ayudar.

 

ERIC.  A mí todo eso me huele a basura progre.

 

NADIA.  Pero aquí estás tú para compensar con tu rollo facha.

 

EVA.  Vamos a intentarlo.  Por favor.

 

ERIC.  Pero si no está el moro.

 

EVA.  No.  Hoy no está.

 

SAHAR.  ¿Entonces?

 

DAVID.  De todas maneras a mí no me apetece hacerlo.

 

ERIC.  Pues menudo fracaso, profe.

 

EVA.  No importa.  Quiero conocer otros puntos de vista.

 

NADIA.  ¿Cómo?

 

EVA.  ¿Qué habríais hecho los demás en una situación así?

 

ERIC.  Ah, guay.  Yo quiero.  Yo quiero hacerlo.

 

EVA.  Bien.  Eric.  ¿Quién quiere “dialogar” con él?

 

Silencio.

 

EVA.  Nadia.  Anímate.

 

NADIA.  Vale.

 

EVA.  Bien.  Tú, Eric, serás el que le quita la carpeta a Nadia.  Y ella tratará de razonar contigo.

 

ERIC.  ¿Qué?  ¿Yo el que roba?  Ni hablar.

 

EVA.  ¿Por qué?

 

ERIC.  Yo nunca haría eso.

 

NADIA.  ¿Ah, no?

 

ERIC.  Jamás.

 

EVA.  Imagínate que en la carpeta de Nadia hay una pegatina con los colores de nuestra bandera y una inscripción en la que pone… por ejemplo… “me cago en este puto país”.

 

SAHAR.  Eh, seño.  Los tacos están prohibidos.

 

ERIC.  ¿Qué?  ¿Quién iba a tener una pegatina así?

 

NADIA.  (Entrando al trapo, mostrando su carpeta, desafiante)  Yo.

 

ERIC.  ¿Tú?

 

NADIA.  Sí.  Yo pienso así.  ¿Qué pasa?

 

ERIC.  ¿Que qué pasa?

 

NADIA.  ¿Me respetas?

 

ERIC.  Te respeto, pero… esa pegatina la quitas de ahí ahora mismo.

 

NADIA.  ¿Por qué?

 

ERIC.  Porque… te lo digo yo.

 

NADIA.  Dame un motivo.

 

ERIC.  ¿Un motivo?

 

NADIA.  Sí.  Razónamelo.

 

ERIC.  Pues porque esos son los colores de mi patria.  Y del país que te ha acogido.

 

NADIA.  Me dan ganas de vomitar. 

¿Se te ocurre algún otro motivo para que quite esta pegatina en la que expreso mi opinión sobre la mierda de sitio en el que vivo?

 

ERIC.  Que… o quitas eso de ahí o… te doy una hostia.  ¿Te parece un buen motivo?

 

EVA.  Hey.  ¡Calma!  Ya sabéis que en una improvisación no se puede recurrir a la violencia.  Cortamos la impro.

 

ERIC.  (A NADIA) ¡Niñata!

 

NADIA.  (A ERIC)  ¡Fanático!

 

ERIC.  ¿Yo?

 

NADIA.  Sí, tú.  Igual que Ahmed.  Sois unos cerrados de mente.

 

ERIC.  Yo no te he quitado la carpeta.  Hay una diferencia.

 

NADIA.  Pero me has amenazado.

 

ERIC.  Porque la bandera es un tema muy jodido para mí.  Yo tengo… familiares… que lo han… pasado mal…por defenderla ¿sabes?  Por defenderte a ti también. ¡Gilipollas!

 

DAVID.  Tu hermano era soldado ¿no?

 

Silencio.

 

NADIA.  No lo sabía.

 

ERIC.  Pues ya lo sabes, niñata.

 

EVA.  Tranquilidad.

 

NADIA.  (Extiende su mano hacia ERIC, en señal de reconciliación)  ¿Vale?

 

ERIC le responde con un gesto de desprecio.

 

NADIA.  (Insistiendo)  Tío.  Ya está… ¿eh?

 

ERIC.  Sí.

 

EVA.  En fin.  ¿Qué opináis?

 

NADIA.  ¿Opinar?

 

EVA.  Sí.  Cuando nos ponemos en los zapatos de otro se ven las cosas diferentes ¿verdad?

 

ERIC.  No se puede comparar lo mío con lo de ese tío.

 

EVA.  ¿Seguro?

 

SAHAR.  No es tan diferente.

 

ERIC.  ¿Ah no?

 

NADIA.  Es parecido, él se puso frenético al tocarle su religión y tú por el patriotismo.

 

ERIC.   Pero… no es lo mismo.  ¿A que no, David?

 

DAVID guarda silencio.

 

EVA.  Por favor, David, dinos qué opinas.  Estás muy callado.

 

DAVID.  Soy callado.

 

EVA.  No.  No lo eres.  El David que todas conocemos y queremos y echamos de menos es un chico bromista y un poco bocazas que está siempre participando y discutiendo en clase.

 

DAVID.  Ahora soy otro. 

 

EVA.  Bueno, expresa tu punto de vista, por favor. 

 

DAVID.  ¿De qué?

 

EVA.  De esto.  ¿Entiendes ahora un poco mejor la reacción de Ahmed?

 

DAVID.  ¿Qué quiere que le diga?  ¿Que he visto la luz?  ¿Que ahora lo entiendo todo?  ¿Qué tengo muchas ganas de cruzarme con ese tío en el pasillo para darle un abrazo y reconciliarme y todo eso?  Pues no.

 

EVA.  Ya.  Bueno… entiendo que estás dolido.

 

DAVID.  Estoy cagado de miedo. 

Me siento… señalado… y mis padres también.  Y a veces me despierto de madrugada pensando que un radical, que un terrorista se puede meter en casa de madrugada con un cuchillo y…

 

EVA.  Tranquilo.

 

DAVID.  Quiero que todo esto se olvide.

 

EVA.  Lo entiendo.

 

NADIA.  Es normal.

 

SAHAR.  Seguro que todo se arregla cuando pase un poco de tiempo.

 

DAVID.  Pero por otro lado.

 

EVA.  ¿Qué?

 

DAVID.  Me jode que me impongan lo que puedo o no puedo llevar en mi carpeta.  Lo que tengo que pensar.  Lo que debo ser… ¿sabe?  Porque yo no soy un tío callado y asustado, usted lo ha dicho antes.  A mí me gusta expresar lo que siento y lo que pienso, y no entiendo por qué me tienen que imponer lo que debo pensar y sentir y expresar. 

No lo entiendo.

Por favor.  Explíquemelo usted.

 

Silencio denso. 

 

Todos miran hacia la profesora.

 

Oscurece lentamente la escena.

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